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La Agenda de Viajes

A veces, es más divertido preparar un viaje que realizarlo.

Este cuento viene de AQUÍ.

Ratoner repasaba y repasaba las aplicaciones de su nuevo móvil de viajes hasta que dio con la de la Agenda. Pensó que sería una agenda normal en la que, si ponías el nombre de una ciudad en el buscador, te vendría toda la información turística de la zona de dicha ciudad.

Imagen de la Red

Probó con una ciudad de Roacia y, efectivamente, salía una información general y una ventana informativa:

Si quieres información más detallada, añade etiquetas.

El ratoncito añadió: ratón, queso, cuento. Y aparecieron detalles específicos sobre estos temas en el mapa.

– ¿Que pondrá esta agenda sobre Isla Imaginada?

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El Vagabundo de la Red

Vagar por la red es más divertido de lo que parece.

Una vez que Qamar se hubo recuperado de su enfermedad, Ratoner pensó en retomar sus viajes imaginados.

– Lunita, ¿te querrías venir conmigo? -le preguntó el ratoncito-.

– Querido ratoncito -le respondió-, yo no necesito viajar. Desde aquí, en lo alto, puedo verlo todo sin moverme. Ve, viaja y no te preocupes… yo seguiré estando en tus noches y en tus sueños.

Imagen vía Pinterest

Habían cambiado ya algunas cosas en Isla Imaginada. Así que pensó en pasarse primero por la Oficina Imaginada para ver las últimas novedades en viajes.

Precisamente -le comentó el dependiente-, nos acaba de llegar un móvil de viaje para ratones. Y le fue contando todas las aplicaciones del aparato.

Contaba con un GPS que servía para orientarse en los lugares más recónditos y de baliza en caso de accidente.

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La Felicidad y los Demonios

La felicidad está dentro de cada cual.

El siguiente cuento no es mío, sino que es un cuento popular con distintas versiones en la red. Transcribo la que he visto más veces repetida.

En el principio de los tiempos se reunieron varios demonios para hacer la mayor de sus tropelías.

Uno de ellos dijo: “Debemos quitar algo a los humanos pero, ¿qué les quitamos?”.

Después de mucho pensar, un segundo, añadió: “¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad. Para muchos de ellos es el don más preciado, ¡pero el problema va a ser dónde esconderla para que no puedan encontrarla!”.

Se sumó un tercer demonio a la conversación: “¡Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo!”.

Inmediatamente, replicó un cuarto demonio: “¡No!, recuerda que tienen fuerza; alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y, si la encuentra uno, ¡ya todos sabrán dónde está!”.

Imagen de la red

Luego, opinó el quinto: “¡Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar!”. Sigue leyendo

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Éldelsol, el Astrónomo Digital

Las estrellas también se escuchan.

Este cuento viene de AQUÍ.

Caía la tarde, aunque no se notaba nada en la cueva de los ratelfos porque estaba iluminada con una luz uniforme que no hacía percibir el paso del tiempo. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido en aquella cueva si no fuera porque siempre había alguna actividad que hacer.

Éldelsol, tú me dijiste que eras astrónomo, ¿cómo ves las estrellas? -preguntó Garrampas-.

– Más bien, las escucho – respondió Éldelsol.

– ¿Cómo es eso?

Los cinco ratones fueron entonces al laboratorio astronómico. Era una sala parecida a la del laboratorio informático, pero estaba llena de extraños sonidos.

– Garrampas, las estrellas cantan -explicó Éldelsol.

Imagen de la red

Ante el asombro de Garrampas, entró en detalles.

Generalmente, estamos acostumbrados a conocer todo por la vista. Sin embargo, la luz hace cosas extrañas en su viaje por el universo. Así que son más seguras ondas de otro tipo; por ejemplo, las del sonido.

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La Lunita Malita

Las lunas también enferman.

Ratoner notaba que su musa, la lunita Qamar, se encontraba cada día peor.

– ¿Qué te pasa, Qamar? -le preguntó un día.

– No lo sé, Ratoner -le contesto-. He ido a visitar al doctor Júpiter y tampoco me encontró nada. Y eso que me tomó la temperatura y me hizo muchas pruebas.

Imagen de la Red

Siguieron charlando para ver si podían dar con el origen de su mal, pero fue en vano. Al acabar la charla, Ratoner se fue muy preocupado aunque no se atrevió a decirle a su lunita que estaba hasta perdiendo su precioso color azul.

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Éldelpan, el Cocinero del Árbol

Los árboles también necesitan un cocinero.

Este cuento viene de AQUÍ

Cuando Ratonet y Éldelbit, el informático, acabaron su profunda charla, Garrampas sugirió:

– ¿Me podéis hacer un álbum de fotos en la nube para mí?

– ¡Cómo no, Garrampas! -le respondió Éldelbit-. Pero lo vas a hacer tú misma.

La ratita se sentó en la silla de la mesa de los ordenadores y fue siguiendo paso a paso las instrucciones de su nuevo amigo informático. Solo le faltaba poner los primeros apartados y ella abrió: plantas, cocina y decoración.

– Hablando de cocina -interrumpió Éldelpan, el cocinero-, ya tengo preparada la comida.

Así que los cinco se dirigieron a la cocina que tenía el aspecto más acogedor de toda la cueva.

Imagen de la Red

– ¡Qué bonita! -exclamó Garrampas al entrar-; esto ya es otra cosa. Pero el frigorífico parece un poco pequeño.

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Pepito Ratón y el Growth Hacker

La naturalidad es lo mejor para crecer.

Growth Hacker

Este cuento viene de este comentario.

Todo el mundo conoce la historia de Pepito Grillo. Pero no todos los Pepitos son grillos; hay uno que es ratón.

Había una vez un Growth Hacker que hacía maravillas con las analíticas de su blog. Las combinaba de tal forma que podía saber con precisión por qué canal se leían más sus posts, sus temas más leídos y a qué hora era mejor publicar según el tema.

Incluso, tenía analíticas de los comentarios que le permitían saber qué palabras eran las más frecuentes de sus lectores y comentaristas; de tal forma, que siempre introducía alguna en sus posts y comentarios aunque en su vida privada apenas las utilizase.

Por estas y otras razones más que superan los límites de este modesto blog, el Growth Hacker era cada vez más conocido, leído y seguido. Y además, cada vez que sacaba un producto o servicio al mercado, su bandeja de entrada se llenaba de clientes.

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