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Éldelsol, el Astrónomo Digital

Las estrellas también se escuchan.

Este cuento viene de AQUÍ.

Caía la tarde, aunque no se notaba nada en la cueva de los ratelfos porque estaba iluminada con una luz uniforme que no hacía percibir el paso del tiempo. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido en aquella cueva si no fuera porque siempre había alguna actividad que hacer.

Éldelsol, tú me dijiste que eras astrónomo, ¿cómo ves las estrellas? -preguntó Garrampas-.

– Más bien, las escucho – respondió Éldelsol.

– ¿Cómo es eso?

Los cinco ratones fueron entonces al laboratorio astronómico. Era una sala parecida a la del laboratorio informático, pero estaba llena de extraños sonidos.

– Garrampas, las estrellas cantan -explicó Éldelsol.

Imagen de la red

Ante el asombro de Garrampas, entró en detalles.

Generalmente, estamos acostumbrados a conocer todo por la vista. Sin embargo, la luz hace cosas extrañas en su viaje por el universo. Así que son más seguras ondas de otro tipo; por ejemplo, las del sonido.

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Éldelpan, el Cocinero del Árbol

Los árboles también necesitan un cocinero.

Este cuento viene de AQUÍ

Cuando Ratonet y Éldelbit, el informático, acabaron su profunda charla, Garrampas sugirió:

– ¿Me podéis hacer un álbum de fotos en la nube para mí?

– ¡Cómo no, Garrampas! -le respondió Éldelbit-. Pero lo vas a hacer tú misma.

La ratita se sentó en la silla de la mesa de los ordenadores y fue siguiendo paso a paso las instrucciones de su nuevo amigo informático. Solo le faltaba poner los primeros apartados y ella abrió: plantas, cocina y decoración.

– Hablando de cocina -interrumpió Éldelpan, el cocinero-, ya tengo preparada la comida.

Así que los cinco se dirigieron a la cocina que tenía el aspecto más acogedor de toda la cueva.

Imagen de la Red

– ¡Qué bonita! -exclamó Garrampas al entrar-; esto ya es otra cosa. Pero el frigorífico parece un poco pequeño.

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Éldelbit, el Informático Cuántico

Éldelbit es un informático cuántico.

Este cuento viene de AQUÍ.

Después de haber acabado de tomar el té, los ratelfos preguntaron qué sala de la cueva querían ver primero.

Garrampas dijo que ya había hablado ella bastante y le pasó la decisión a Ratonet.

– Si fuera posible, me gustaría ver lo que tengáis de ordenadores -comenzó Ratonet.

– Por supuesto -respondió Éldelbit, el informático-. Podemos pasar a la sala de ordenadores.

Imagen vía Pinterest

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La Cueva de los Ratelfos

La cueva de los ratelfos tiene que ser secreta.

Este cuento viene de AQUÍ.

Después de echar un vistazo general a la cuerva de los ratelfos, Garrampas se dio cuenta de numerosos adornos que se parecían a su colgante.

– Efectivamente, Garrampas, son orgonitas -le aclaró Éldelbit, el informático-.

Las orgonitas tenían una doble función en la cueva. Por una parte, impedían que entrasen las radiaciones exteriores; y por otra, que saliesen las radiaciones interiores.

Nuestra cueva tiene que ser secreta.

Entonces, dijo Garrampas, ¿qué le voy a contar a mis amigas?

– No puedes contar nada de lo que veas -gritaron a coro-, nuestra seguridad depende de ello.

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Garrampas y los Ratelfos

Los ratelfos son ratones elfos.

Este cuento viene de AQUÍ.

Después de la visita del extraordinario ratón a la casa de Garrampas y Ratonet, quedaron en devolverle la visita. Pero debería ser una noche muy especial para que nadie pudiera ver la entrada de unos ratones normales en un recinto que había pasado desapercibido durante cientos de siglos.

Acordaron que la mejor noche sería la de la Luna Negra en un par de meses.

Pasó el tiempo y, en la noche acordada, volvió a aparecer el ratón de las orejas puntiagudas.

– Agarraros bien y no os soltéis de la mano -les advirtió-.

Durante la Luna Negra hay tal oscuridad en el bosque que es imposible ni verse la punta de la nariz. Pero el ratón de las orejas puntiagudas se había construido unas ecogafas. Emitía unos imperceptibles sonidos que, al chocar con los objetos y rebotar, creaban unas imágenes en los cristales de las gafas que le permitía orientarse perfectamente.

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Los Elfos y los Ratones

Desde del beso cuántico, comenzaron a ocurrir extraños acontecimientos en la vida de Ratonet y Garrampas. O, al menos, acontecimientos que no habían ocurrido hasta entonces.

Al correr la digitalina por sus venas, empezaron a notar extrañas sensaciones en sus recorridos por el bosque; notaban como si ciertas plantas se comunicasen con ellos.

El ratoncito azul buscó dichas plantas en su ordenador cuántico y resultó que su concentración de digitalina era muy superior a la del resto de las plantas. Por lo que acordaron construir con ellas un pequeño jardín interior en su árbol para tener siempre digitalina disponible por si ocurriera alguna vez un imprevisto.

Pero la sensación más extraña ocurría cuando pasaban cerca de un árbol cuya concentración de digitalina era prácticamente nula y sin embargo aquellas sensaciones eran cada vez más fueres. Así que decidieron montar una discreta guardia sobre aquel árbol para averiguar a qué se podría deber todo aquello.

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Garrampas y Ratonet

Garrampas y Ratonet son una pareja de ratoncitos que viven en el campo.

Garrampas

Como te conté en el cuento de Navidad, una de las principales dificultades que tengo en este blog es darte a entender quién cuenta el cuento de los ratones cuánticos.

Para los cuentos de Garrampas y Ratonet, que puedes seguir a través de la colección Garrampas, utilizaré la socorrida voz en off.

Cuando la Oficina de Cuentos comenzó a funcionar, los ratones cuánticos y sus colaboradores empezaron poco a poco a organizarse.

#Jerby y Erika se encargarían de la oficina imaginada y Qamar y Ratoner dejarían volar su imaginación.

Cualquier común de los mortales hubiera pensado que Garrampas y Ratonet poco podrían aportar desde su casita en un árbol.

Sin embargo, te recuerdo que se acordó que Ratonet siguiera guardando el ordenador cuántico de miradas indiscretas.

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