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#Jerby se va a vivir con Garrampas

Más pronto que tarde, ya sabías que esto iba a ocurrir. Lo que puede que no tengas tan claro es cómo es la convivencia de un ratoncito de ciudad y una ratita de campo.

El ratoncito azul cada día llevaba peor no poder ver a Garrampas todos los días. Es cierto que su imaginación era muy vívida y, además, la tenía todas las noches en sus sueños. Pero aquello ya no le bastaba.

Así que un día, cogió su ordenador cuántico y se dirigió a la casita de Garrampas para ver si podía vivir con ella.

A la ratita no le disgustaba la idea. Pero no estaba muy segura de si el ratoncito podría acostumbrarse a una vida sin las comodidades de la ciudad. Así que le pidió que estuviera un mes sin tocar el ordenador y pasado ese tiempo, ya vería según cómo reaccionara.

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La Casita Digital

Después de visitar el ratoncito la casita de Garrampas, la suya le parecía aún más pequeña. Tenía una sola puerta, una sola ventana y una sola habitación; algunas discretas cortinas separaban algunos espacios.

Imagen de la Red

Lo único que tenía de excepcional la casa era un ordenador que Digitalín le había traído de parte de los elfos. En realidad, no era un ordenador como tal porque no se podían fabricar del tamaño de los ratones. Habían adaptado un teléfono móvil de última generación y le había inyectado digitalina. A pesar de lo rústico del apaño, funcionaba perfectamente.

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#Jerby y Garrampas

Desde que el ratoncito #Jerby supo de la existencia de la Ratita Garrampas, apenas podía dormir por las noches.

Se pasaba todo el tiempo pensando en ir a conocerla. Pero suponía que podría haber un gran problema. Como estaba todo el día entre ordenadores, se cargaba de electricidad. Y no tenía ni idea de lo que podría pasar cuando le diera un beso a la ratita de los calambres.

Le preguntó entonces a la luna Qamar si aquello podría ser peligroso.

– No lo sé -respondió Qamar-. Tendrás que averiguarlo por tu cuenta.

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