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Un Cuento Ciego

¿Sabes leer las paredes?

Tal vez, recuerdes El Cuento en Blanco de la semana pasada. No sé si es porque las arañas gugleras estaban juguetonas especialmente esos días por lo que me apareció este tuit.

Enseguida pensé que esas niñas se merecía un cuento por la imaginación que le estaban echando al asunto.

cuento en braille

Pero esta semana me he planteado que casi tendría que ser al revés:

No sé si nosotros nos merecemos a esas niñas.

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La Momia y la Novela

Selecciona bien tus lecturas cuando vayas de viaje.

Todo comenzó con esta conversación en Facebook.

Imagen vía Pinterest

Parece ser que no hay acuerdo por qué ocurrió aquello, pero pudo haber sido así:

Mudads era un embalsamador del antiguo Egipto que trabajaba por su cuenta; lo que hoy llamaríamos un trabajador autónomo. No estaba al servicio de ningún amo ya que su trabajo solo era necesario en unos momentos muy particulares de la vida de cualquier ser humano: el de su muerte.

Mudads era conocido, además de su buen saber y hacer como embalsamador, por su exquisita selección en los objetos que acompañarían al difunto en su viaje al más allá. Esto lo hacía después de una exhaustiva entrevista con los familiares del fallecido.

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La Cesta de Cuentos

La cesta de Navidad también puede ser de cuentos.

Todo el mundo sabe que los ratones pensamos bien, pero pensamos tarde. Tal vez, porque pensamos muchas cosas y tenemos la cabeza muy pequeña.

El caso es que pocos días antes de Navidad se me ocurrió que podríamos hacer una cesta de cuentos en Isla Imaginada. Si los humanos hacen todo tipo de cestas, ¿por qué no la podríamos hacer nosotros de cuentos?

Como quien propone se lo come, puse el primer cuento, El Ratón Cuántico, porque supuso una serie de cambios en este blog; entre ellos su subtítulo. Ahora este blog es de cuentos cuánticos.

– ¡Qué curioso! -me dijo Lili-. Yo también había tenido una idea parecida y también se me ha echado el tiempo encima. Voy a ver que tengo en mi maleta.

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Los Ratones de Naranja y de Limón

La Sra de Díaz ha tenido la amabilidad de prestarme los dos ratoncitos de su Carta de una mamá para un cuento. Son tan graciosos que creo que se lo merecen.

Imagen vía Sra de Díaz

La Ratita de Naranja y el Ratoncito de Limón eran un matrimonio muy bien avenido. Aunque, al principio de su relación, habían tenido más de un disgusto.

Ella era una ratita dulce, agradable y estaba siempre de humor. Él era un ratoncito amargado, desagradable y siempre estaba de mal humor.

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#Jerby y Garrampas

Desde que el ratoncito #Jerby supo de la existencia de la Ratita Garrampas, apenas podía dormir por las noches.

Se pasaba todo el tiempo pensando en ir a conocerla. Pero suponía que podría haber un gran problema. Como estaba todo el día entre ordenadores, se cargaba de electricidad. Y no tenía ni idea de lo que podría pasar cuando le diera un beso a la ratita de los calambres.

Le preguntó entonces a la luna Qamar si aquello podría ser peligroso.

– No lo sé -respondió Qamar-. Tendrás que averiguarlo por tu cuenta.

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El Tejedor de Sueños

La semana pasada ocurrió una de esas mágicas coincidencias que se suelen dar en Isla Imaginada.

Justo el día anterior a la publicación de El Articulador en este blog, Martes de cuento había publicado en el suyo La abuela tejedora. Daba la sensación de que aquellos cuentos estaban relacionados, aunque cada cual los publicó por su cuenta.

Entre los comentarios, surgió la expresión tejedor de sueños que ha dado pie a estas letras.


Para la gente joven, la red, internet o como cada cual quiera llamarlos, puede parece algo natural. Incluso, se ha acuñado el término nativos digitales.

Pero, para quienes ya peinamos canas, no deja de ser un sueño que podemos tejer y destejer continuamente. Podemos hacer volar ballenas y jugar con niños de ganchillo de forma que parezcan casi reales.

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Pinoshko

Todo comenzó con este cuento de Martes de Cuento. Le pregunté entonces: ¿quién fue antes, Matryoshka o Pinocho?

– Supongo que Pinocho -me contestó el bicho que todo lo lee-. Collodi lo escribió en 1883 y, si hacemos caso a la historia de la muñeca, la primera se construyó en 1890.

– Entonces, ¿se podrían haber conocido?

– Eso ya te toca contarlo a ti.

Dándole vueltas a la cabeza, pudo haber sido así:

Durante principios del siglo XX, con el auge del transporte y las comunicaciones, se realizaron en Europa todo tipo de encuentros culturales y comerciales. Uno de los más singulares fue seguramente el Encuentro Pigmalión en una discreta isla de Chipre.

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